El coronavirus en mi vida

en Cartas al Diario/Opinamos

Silvia Romero. Madre del Institut Les Vinyes. Cubelles.

El día 10 de Marzo vi a mis hijos marcharse a Berlín, donde iban a hacer un intercambio del instituto, una experiencia enriquecedora. El coronavirus se escuchaba, pero era algo que quedaba muy lejos de nosotros. A los dos días, las noticias dieron un giro espectacular y el coronavirus empezó a ser algo más cercano y peligroso.

El viernes, 13 de marzo y día en el que cancelan las clases en el instituto, se apodera de mí el miedo, la angustia y los nervios de no saber si nuestros pequeños podrán volver de regreso a casa.

Ese sábado, nuestros hijos nos iban informando de sus pasos a través de Whatsapp y, cuando nos indicaron con alegría que el avión comenzaba a moverse, solté el aire que sin darme cuenta tenía contenido. A los pocos minutos, me volvió a escribir mi hija y me informó de que el avión había dado la vuelta. El aeropuerto español los había retenido por el momento una hora, unos minutos que se me hicieron eternos.

Los padres entramos en pánico y cada uno movió cielo y tierra para obtener algo más de información, sin éxito alguno. Al cabo de hora y media nos enviaron otro Whatsapp de voz:

-Estamos despegando.

Cuando fui al aeropuerto había mucho tráfico, personas en la calle… En el aeropuerto la gente no mantenía las distancias. Finalmente, aparecieron mis hijos por la puerta de “llegadas” con una mascarilla y guantes. Esa imagen se guardará para siempre en mi mente.

Veo cada día a mis hijos sin poder salir de casa por miedo a que enfermen, las calles desiertas, los supermercados sin alimentos… De hecho, el sábado, 14 de marzo, fui a realizar la compra semanal a las 8:50h, aparqué viendo lo que consideré exceso de coches en el parking, bajé del coche y fui a la puerta del supermercado. En ese momento, levanté la cabeza y me quedé paralizada. Había una cola de al menos 100 personas y la imagen hizo que se me saltaran las lágrimas. Me di media vuelta y me marché pensando en la irresponsabilidad de algunos de nosotros.

¿Qué clase de mundo estamos dejando? Yo no quiero este futuro para mis hijos y mucho menos para mis nietos. Pero, ¿estamos haciendo algo para remediarlo, para detenerlo? ¿O estamos demasiado cómodos con todos los avances como para darnos cuenta de que el sacrificio es mucho mayor del que pensamos? Giremos ahora mismo la cabeza y miremos hacia atrás. Vemos incendios, bosques destruidos y especies de animales que desaparecen, catástrofes medioambientales, virus, epidemias…Ahora, girad hacia adelante el rostro. ¿Qué veis? ¿Es lo que queremos? Yo diría que no.

No obstante, también quiero sacar algo positivo a toda esta situación. Me quedo con la bondad de la mayoría de las personas y de las 20:00h de la tarde donde todos salimos al balcón a emocionarnos y a compartir, aunque sea en la distancia, ese agradecimiento por todas aquellas personas que se están dejando la piel por nosotros.

Por último, de los profesores solo puedo decir que, y me incluyo, habíamos perdido la esperanza de encontrar docentes que habían escogido esta profesión por motivación, porque verdaderamente sentían y disfrutaban enseñando. En cambio, me habéis demostrado que me equivocaba. Os doy las gracias por vuestros correos y vuestra implicación. Habéis hecho que vuelva a creer que nuestros pequeños sí que os importan y que os preocupáis por ellos más allá de la salida del instituto.

Gracias por estar ahí y gracias por hacernos volver a creer en vosotros.

#YOMEQUEDOENCASA #QUIEROCAMBIARMIPLANETA