El equipo de Junior Report revela cuáles son los libros que marcaron su adolescencia

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La iniciativa tiene como objetivo compartir con los lectores sus títulos más queridos para hacer de este Día del Libro en confinamiento una jornada más agradable

Hay lugares, objetos, canciones, películas o libros que marcan un momento o etapa determinada de la vida. A veces generan un cambio en la forma de ver o comprender las cosas, a veces son un refugio, un modo de evadirse de la realidad o de los problemas, o son el paisaje de un momento maravilloso.

El confinamiento provocado por el nuevo coronavirus estará marcado, sin duda, por muchas películas, series, canciones y lecturas porque es una situación extraña que difícilmente se va olvidar. Y dado que este Día del Libro no se va a poder celebrar como de costumbre, el equipo de Junior Report quiere compartir con la comunidad del proyecto Revista Escolar Digital (RED) los libros que les marcaron en su adolescencia.

ADA SANUY: Soy de la generación Harry Potter y sin duda la saga ha marcado mi preadolescencia y adolescencia. A pesar de ello, cuando tenía 7 años leí por primera vez Charlie y la fábrica de chocolate (1964), de Roald Dahl. Me gustó tanto que a los 12 años, mientras esperaba que se publicara el sexto volumen de la saga del popular mago, Harry Potter y el misterio del príncipe, volví a leer la historia de Charlie y el chocolatero Willy Wonka.

Me atrapó. Me fascinaron (y me siguen fascinando) las maravillas que se escondían dentro de la fábrica y la forma en la que Dahl describía los dulces y el chocolate. Esa capacidad de inventar un helado que nunca se derretía, un chicle con el que podías hacer pompas gigantes e incluso un caramelo que nunca perdía su sabor; el producto pensado «para esos niños con una paga pequeña», como decía Willy. Sin olvidarnos de los curiosos Oompa-Loompas, con una canción curiosamente preparada cada vez que ocurría uno de los 5 niños afortunados sufría un «accidente» en la fábrica. Asombroso.

Nunca me canso de la historia y considero que las dos adaptaciones cinematográficas que se han hecho son muy buenas: por un lado, la película titulada Willy Wonka y la fábrica de chocolate, dirigida por Mel Stuart en 1971 con Gene Wilder en el papel de Willy; por otro, la versión de Charlie y la fábrica de chocolate que creó Tim Burton en 2005 con Johnny Depp haciendo una versión muy peculiar de Willy. Roald Dahl es un excelente cuenta cuentos que te cautiva. Es descriptivo, detallista y minucioso, utiliza un lenguaje llano y con la capacidad de crear un universo fantástico del que no requiere de ningún hechizo para atraparte.

LAIA ROS: Aprovecho este día para recomendaros La trilogía de la Materia oscura, una serie de 3 novelas de fantásticas escritas por el autor británico Philip Pullman. La historia transcurre en un mundo en el que todas las personas tienen una especie de animal que puede cambiar de forma hasta que llegan a la madurez. Son los daimons, que siempre les acompañan.

La protagonista, Lyra, es una joven que se enfrentará a aventuras para sobrevivir en un mundo desconocido y que acabará viendo cómo estas decisiones tienen consecuencias tanto para su mundo como para el nuestro. Especialmente, me gustó mucho cómo la personalidad de Lyra iba evolucionando e iba creciendo a lo largo de la historia.

ELISA PONT: Transcurridos los años y las lecturas, recuerdo con cierto cariño la novela Asesinato en el Canadian Express (1976), del escritor canadiense Eric Wilson. El joven Tom Austen, ávido lector de novelas policiacas, se empecina en descubrir quién ha asesinado a una de las pasajeras del ferrocarril que une las ciudades de Montreal y Vancouver. Tres días de recorrido y de suspense que, según el ritmo de lectura de cada cuál, pueden ser más o menos.

Al recuerdo agradable de esta lectura, se le suma el hecho de que acabamos llevándola al escenario. En clase decidimos convertir el caso “Canadian Express” en un guión teatral que representamos a familiares y amigos como actividad de final de curso. ¡Fue una experiencia tan divertida! A partir de entonces, me volví una adicta a las novelas de misterio y devoré con cierta premura muchas de las novelas de Agatha Christie, gran escritora y dramaturga cuyo personaje estrella, el detective Hércules Poirot, ha sido fuente de inspiración para muchos escritores contemporáneos.

Confieso que, en cierta manera, siempre he huido de géneros literarios como la fantasía y la ciencia ficción. Y, a día de hoy, pocos títulos podría encontrar en mi librería que me recuerden aquellas lecturas policiacas y de misterio de mi adolescencia. Con el tiempo y, sobre todo leyendo mucho, una llega a descubrir qué historias le apasionan y cuáles son sus autores de referencia.

¿Elegir un único libro? Creo que esta es una tarea titánica y diría que casi imposible porque la lectura está sujeta al momento vital de cada persona. Es por ello que os aconsejo que leáis -y releáis- todo lo que caiga en vuestras manos y cuanto más diverso mejor. Felices lecturas.

LALI BUENO: Acostumbrada a no levantar la cabeza del mundo fantástico de Harry Potter y de leerme sus libros una y otra vez, recuerdo un verano, con catorce o quince años, en el que fue un libro el que captó mi atención y me hizo poner de pies en el suelo.

Recomendado por mi madre, La Plaça del Diamant (1962), de Mercè Rodoreda, me alejó de hechizos y pociones para cautivarme con la realidad de su protagonista, Colometa, y su naturalidad emotiva.

Yo estaba encantada y agradecida de que ella me dejara entrar en sus recuerdos y que me invitara a acompañarla por las calles de una Barcelona intranquila en un contexto de Guerra Civil. El camino que sigue Colometa para encontrar su identidad está lleno de claroscuros pero espero que os pueda iluminar un poquito para encontrar la vuestra y para crecer con ella.

Lo mejor de todo es que siempre que vuelvo a su vida a través de sus páginas o a través de sus adaptaciones teatrales, la entiendo un poquito mejor y me emociona aún más.

FRANCESC CASTANYER: Antes hubo otras lecturas apasionantes, sobretodo de autores clásicos como Mercè Rodoreda, Gabriel García Márquez o Camilo José Cela, y de poetas como Federico García Lorca, que me provocaron una gran emoción. Pero fue Luces de Bohemia (1920) el libro que me sacudió como lector en mi adolescencia. Ramón María del Valle-Inclán me hizo descubrir que había otra forma de describir la realidad que nunca antes había conocido.

A pesar de que no se trataba de un autor contemporáneo, los personajes decrépitos, los diálogos contundentes y las expresiones geniales de Valle-Inclán, me parecieron rompedores y entendí que el teatro podía ser otra forma de hacer periodismo, es decir, de analizar la sociedad desde una visión libre e implacable.

El concepto “esperpento”, que define el estilo del autor gallego, se refiere precisamente a esta forma de deformar el entorno. Pero para mí, Luces de Bohemia fue un forma de aprender historia y de entender que la España de entonces era trágica, pero que a la vez tenía algo de grotesco y ridículo.

NATÀLIA JAURRIETA: Recomendaría la novela El lobo estepario (1927), del escritor suizo-alemán Herman Hesse. Se trata de un magnífico libro que, sin tratarse de una lectura específica para el público adolescente, se convirtió en un gran éxito entre los lectores jóvenes. En cualquier caso, no se trata de una lectura fácil.

El relato está impregnado del espíritu del filósofo Friedrich Nietzsche y apela al sentimiento de diferencia, a la eterna lucha entre la parte más lúcida del ser humano y la más salvaje e instintiva. Así mismo, plasma el sentimiento de agonía vital y desesperanza de la sociedad europea en el periodo de entreguerras (1918-1939). Me resultó absolutamente fascinante, de aquellos libros que dejan huella.

En mi caso había leído otros libros del autor, ganador del premio nobel de Literatura en 1946, pero este libro en concreto representaba para mí la culminación de su carrera literaria en cuanto a la crítica de la sociedad de la época. En aquellos años, yo era lo que se conocía como una “adolescente de manual” por lo que el coctel de desasosiego, sentimiento crítico y diferencia fue explosivo para mí y siempre me acompañará en la memoria.

VERÓNICA GAYÁ: No me acuerdo a qué edad cayó en mis manos Un Mundo Feliz (1932), de Aldous Huxley, ni siquiera quién lo puso; sin embargo, aún recuerdo el impacto que me produjo la felicidad de aquel ascensorista. Me veo en mi cuarto, adolescente, preguntándome si lo que estaban haciendo a esa gente estaba bien o no. ¿Es más fácil ser feliz sin pensar?

Este libro me hizo empezar a dar vueltas a ideas y problemas que nunca antes me había planteado: ¿qué nos hace felices?, ¿por qué?, ¿quién decide lo que es mejor para todos?, ¿qué es moral y qué no?

Huxley nos presenta un mundo de apariencia perfecta con una estabilidad social total en el que la felicidad es el objetivo final que oculta una sociedad inquietante y distópica. Un mundo en el que el pensamiento libre y crítico es castigado y marginado.

Esta novela, que cabalga entre al ciencia ficción, la filosofía, la aventura y el terror, es de las que remueven cabeza y estómago, de esas que cerramos con muchas más preguntas. Hoy es un buen día para leer Un Mundo Feliz. 

ARIANNA RANESI: Un amigo se enamoró de una chica. Para acercarse a ella, le preguntó que libro leía. Ella respondió: La insoportable levedad del ser (1984), de Milan Kundera.

Se lo compró y me leyó algunos fragmentos en el bar de la universidad. Una semana más tarde yo también lo tenía. Se convirtió en nuestro libro de culto durante los siguientes años de carrera. Me fascinó tanto que nunca más he tenido el valor de volverlo a leer, puede que por miedo a que me vuelva a poner todo en duda, como lo hizo durante aquellos años.

Esperamos que estas recomendaciones literarias os hayan gustado y esperamos que paséis un feliz Día del Libro.