Mi mundo de colores

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“Valora a quien te dedica su tiempo, porque te está dando algo que nunca recuperará»

Ana Llusá. Docente del IES Penyagolosa. Castellón

Vivo en mi mundo de colores, lo sé. ¿Y por qué digo esto? Pues porque soy de las que piensan que en los grandes momentos, salen las grandes personas. Me explico: hay gente que se le llena la boca diciendo que el ser humano es malo por naturaleza, que nos pisamos unos a otros, que no tenemos en cuenta la necesidad del vecino, sino que solo pensamos en pisotearle para poder subir nosotros un peldaño más de la escalera.

Pero yo estoy convencida de que se equivocan. Y una vez más se ha demostrado: desde el momento en que empezó esta maldita pandemia, han salido hordas de voluntarios de todas las edades y convicciones políticas para poder echar una mano a aquel a quien le pudiera hacer falta. Por instagram, facebook, telegram, páginas web de organizaciones ya instauradas… han sido infinidad de solicitudes para formar parte de ellas, aunque sea por tiempo limitado, ofreciendo su ayuda, su fuerza, su ilusión…

Hay gente que aun así siempre tendrá algo para criticar aduciendo que esas personas se aburrían y para no estar en casa han hecho eso, y así, al menos, tomaban el aire. A esas personas sí que les diría que por qué no utilizan su tiempo y su ingenio en algo de provecho. Quizás ese humor ácido lo podrían transformar en algún tipo de actividad para entretener a jóvenes o niños. Quizás esa picaresca podríamos utilizarla en hacer risas y bromas para gente vulnerable, quizás… 

Quizás: qué palabra tan ambigua, que nos muestra tanto y tan poco… quizás mañana pasemos a otra fase, quizás esto nos sirva para crecer como personas, quizás el verano no pueda hacer turismo, quizás tarde dos meses más en poder dar de nuevo un abrazo lleno de cariño. Pero también está el otro  lado: quizás la botella está medio vacía, pero también puede estar medio llena, quizás sí que pueda salir este verano, quizás sí que pueda abrazar a los míos antes de dos meses!

«¿Después? No hay ‘después’. Porque el té se enfría. Después el interés se pierde, después el día se vuelve noche, después la gente crece, después la gene envejece, después la vida se termina; y uno después se arrepiente por no hacerlo antes cuando tuvo la oportunidad». Ahora es nuestra oportunidad»

Debemos aprender a quedarnos con lo bueno, debemos crecer dentro de nosotros, de manera individual pero también de manera colectiva. Y retomo mi punto inicial: cuántas intervenciones de ayuda se han hecho a lo largo de estos 2 meses gracias a esa gente; solo desde Cruz Roja, por citar una asociación que conocemos todos, se han hecho 1.800.000 intervenciones a favor de personas vulnerables ante la Covid-19. ¿Y eso quien lo hace? Esas personas que según algunos, están aburridos en casa y no sabían qué hacer para entretenerse. Pues que viva el entretenimiento entendido así! 

Cuando subes una escalera y estás en el peldaño del medio, siempre puedes pensar que hay gente por encima de ti, por supuesto, pero también gente por debajo. Si pisoteas al que tienes por debajo de ti, no subirán, pero has de pensar que pueden hacer lo mismo contigo.

Pero ¿y si te tienden la mano desde arriba para que puedas subir un peldaño más? ¿Y si tú haces lo mismo desde tu altura? Así conseguiremos llegar a la meta todos, juntos, de la mano, como sociedad, como equipo, como uno solo.

Y eso es lo que yo he visto de nuevo estas semanas; cómo se va la gente dando la mano unos a otros, cómo se ayudan, cómo se curan las heridas, cómo acercan distancias, cómo aumentan las llamadas de atención a familiares lejanos; porque te das cuenta de que, aunque siempre parece que están ahí, un día puede que no estén. 

Y te das cuenta de lo que vale la pena en esta vida y también de lo que no. No vale la pena disfrazar la vida para aparentar algo que no eres, para ocultar algo que te da miedo sacar por el qué dirán, no vale la pena la ostentación, los bienes materiales, las palabras que se dicen por decir: vale la pena un “te quiero”, un abrazo de esos que ahora más que nunca echamos de menos, una ligera caricia de un padre o una madre que ahora tienes tan lejos, una sonrisa de tus sobrinos o ese olor peculiar del familiar o amigo al que no puedes ver estos días.

Vale la pena compartir la vida, tu vida, con gente que, redundantemente como esta frase, valga la pena; recordar momentos felices, sacar fuerzas de donde sea para que broten sonrisas, apuntarte allá donde puedas ayudar, y conocer gente ávida como tú de hacer algo, aunque sea mínimamente útil. Lo más valioso no es lo que tienes en la vida, sino a quien tienes en la vida para poder compartirla con ellos.  

Ya antiguamente se decía que un garbanzo malo estropea todo el cocido. Así pues, no dejemos que se estropee. Cuando esto pase, echemos la vista atrás y como la canción de “Presuntos Implicados”, preguntémonos cómo hemos cambiado. Yo sigo pensando, en mi mundo de colores, como toda mi vida, que esto nos ha hecho avanzar hacia delante; quizás al principio hayamos ido para atrás, por miedo, por agobio, pánico… pero después nos hemos dado cuenta de que eso, solo era el impulso para poder dar un salto más grande hacia adelante. 

«Siempre he pensado que las personas detallistas son unicas, especiales. Y no hablo de las que te compran regalos, sino de las que te regalan momentos»

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