abrazos durante en coronavirus

El amor en los tiempos del coronavirus

en Opinamos/Vida

Cuando el miedo cambia de fase, tenemos que ser más fuertes que nunca

Sara Mylin Romero. Year 10. Dragon American School. Madrid

Desde el pasado catorce de marzo, España se ha parado. Ya no se escuchan los rugidos de los motores por las autopistas, ya no se respira junto a otros cientos de personas que caminan por la misma calle en Madrid. Ahora, si gritas en la calle, se te escucha. Ahora, si un pájaro canta posado en un balcón, se le escucha. Ahora se oye el eco de los zapatos de los que caminan y el repiquetear de las gotas de lluvia sobre los adoquines grises de las aceras. España lleva dos meses parada y todos sabemos por qué.

Hemos estado dos meses encerrados, viendo como los árboles perdían las hojas y volvían a recuperarlas a través de la ventana. Viendo las gotas resbalar con más autonomía que nosotros. Aplaudiendo a las ocho, puntuales, para conservar la esperanza y conseguir que otros la conservaran. Aguantando detrás de las pantallas, conformándose con las risas medio congeladas en píxeles de vidrio y promesas de abrazos futuros.

Ahora volvemos a la “nueva normalidad”. A pasear temerosos del de al lado, a cubrirnos con mascarillas, a enguantarnos las manos y no rozar nada, no vaya a ser que… No vaya a ser que seamos una cifra más de esos 231.350 infectados en España. De esos 27.650 fallecidos, el 51, y no el 77 de los 149.576 curados, y tengamos la mala suerte de que de 45.678.668 habitantes, nosotros ya no podamos serlo.

¿Pero cómo se puede volver a algo nuevo? ¿Cómo acostumbrarnos otra vez a que los abrazos no son dañinos y los besos pueden volver a ser algo que usamos para saludar y vivir, que no sobrevivir? Porque el mundo se ha parado y nosotros con él. Hemos ralentizado nuestras pulsaciones y ritmos de vida. Les hemos pedido a nuestras piernas que se queden quietas. Hemos acumulado grasa y sedentarismo como el oso que hiberna, a la espera.

Porque no, no se puede volver a algo nuevo. No se puede esperar que las cosas sean como antes, ni vivir encerrados eternamente. No podemos actuar con el miedo al no vaya a ser que… en el cuerpo, porque dejaríamos de vivir. Dejaríamos de disfrutar de las tardes con amigos, de las noches en pareja, de los abrazos, los besos, las caricias. Todo lo que nos hace humanos emocionales ha pasado a segundo plano durante el tiempo en el que el mundo se ha parado. Pero ahora que pasamos de fase y subimos de nivel en el videojuego, es hora de volver más fuertes que antes. Más emocionales, más pasionales, con las ganas que se han ido acumulando durante este tiempo a punto de estallar en las puntas de los dedos. Recordar el antes y tratar de convertirlo en el después. Que el encierro no nos melle las ganas, que no acabe con nuestra voluntad, que no sucumba con nuestras emociones. Que las reavive.

Volver más conscientes. Más nosotros, más humanos. Salir mejor que como entramos.


Dragon American School de Madrid, España. Redacción invitada durante el confinamiento del Covid-19.