En tu piel

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Lucía Jiménez Alonso. Institut Les Vinyes, 1º de ESO. Cubelles.

Hoy, estando en mi casa, me he puesto a pensar ¿qué sentirá la gente que está a mi alrededor?

Yo, si fuera una cajera de un supermercado, me sentiría agobiada por saber el largo y duro día que me queda por delante. Sentiría rabia en mi interior al ver cómo gente compra grandes cantidades de comida y, en cambio, otros preguntan por algo que necesitan muy urgentemente y les tengo que decir que no nos queda. Verle salir por la puerta, preocupado por pensar dónde puede ir a comprarlo, me partiría el corazón.

Estaría insegura y nerviosa al escuchar a la gente:

-Esto es una gripe normal, no nos va hacer nada. Yo seguiré con mi vida diaria…

¿Que no se dan cuenta de que está muriendo mucha gente? Pues no será una gripe tan normal…

Estaría cansada de decirle a la gente que se aparte cuando se acerca demasiado para hablarme, o cuando me tienen que pagar. De hecho, tener que coger el dinero, que a saber dónde y en qué manos ha estado, me pondría bastante nerviosa… 

¿Y si fuera médico? No sabría describir muy bien lo que sentiría, ya que sería una mezcla entre tristeza, miedo, impotencia, rabia y muchas ganas de llorar…

No querría que llegara el día en que tenga que decidir a quién ayudo y a quién no, porque todos tenemos derecho a la vida, tengamos la edad que tengamos.

Si fuera un político, tendría ganas de llorar, porque tener tanta responsabilidad sobre mí, me crearía una gran ansiedad al ver lo que está pasando. Tendría un nudo en mi pecho que no me dejaría pasar el aire, con mil ideas en mi cabeza y ninguna solución en mis palabras.

Pero si fuera un bombero… Con mi manguera en las manos y el gran fuego de la vida delante de mis ojos y no poder apagarlo… IMPOTENCIA, impotencia es lo que sentiría.

Para los camioneros serían largas horas de viaje solos, por carreteras desiertas y pueblos que parecen abandonados, sin ningún sitio donde parar para tomarte un café. Solo verían de vez en cuando a alguien, intentando llenar un par de bolsas de comida. Ahí es cuando tragaría saliva, agarraría fuerte mi volante, y con lágrimas en los ojos seguiría el camino con mi camión.

Si fuera policía, me daría rabia ver a gente insensata que no le da importancia a este virus. Sentiría miedo cada vez que tuviera que acercarme a alguien. Estaría esperando que llegara la hora para poder volver a casa con mi familia, pero en estos días difíciles me daría cuenta de los valores que me hicieron escoger esta profesión.

¿Qué decir de los basureros? Ahora se dan cuenta de que estoy ahí, barriendo toda la basura que tiran al suelo, limpiando, fregando… Una parte de mí se emociona por el reconocimiento de que mi trabajo es tan importante como cualquier otro, pero por otra parte hubiera preferido seguir siendo una trabajadora no reconocida para así no haber vivido esta pandemia que tantas vidas se ha llevado.

Si tuviera 80 años, tendría el cuerpo tembloroso a causa del miedo, y no miedo a la muerte. Miedo a estar lejos de mis hijos, a no recibir los besos de mis nietos. Yo con esa edad estaría preparada para la muerte, pero nunca se está preparada para estar lejos de la gente que quieres.

Si fuera una persona egoísta y viera un día soleado fuera en la calle, saldría a dar una vuelta para sentir el calorcito en mi cuerpo, estaría tan pancha en el banco de enfrente de casa sentada, hablando con mis amigos. Cuando viniera la policía a decirme que me fuera para mi casa me inventaría una escusa y así aguantaría un poco más.

 Por último, quiero explicaros cómo me siento YO, una niña de tan solo 12 años. Tengo miedo de encender la tele por no ver en las noticias cuánta gente está muriendo. Miedo a asomarme al balcón y no ver a nadie (como si estuviese viendo una película del fin del mundo). Miedo a que mis padres puedan llegar a contagiarse con esta enfermedad…

Tengo rabia, mucha rabia, de ver tanto egoísmo, gente comprando en exceso, gente que se sienta en los bancos de delante de casa a tomar el sol, otros que salen a correr…

¿No entienden que esto no es una broma?

También tengo sentimientos muy positivos, me emociona mucho escuchar los aplausos de todo mi pueblo a las 20:00h y hacer señales con las linternas con mis vecinos más cercanos… Esa luz que significa: ¡Ánimo, lo conseguiremos!

Estoy feliz de estar más tiempo en casa, ya que puedo disfrutar de hacer cosas inusuales con mis padres que, aunque pasamos mucho tiempo juntos siempre, las responsabilidades de cada uno no nos dejan tener tanto tiempo libre.

Siempre he pensado que por ser una persona bastante activa no podría aguantar más de dos días sin salir de mi casa, sin que se me cayera el techo encima, pero me asombra ver que aún no he tenido ningún momento de aburrimiento.

Hacer las cosas sin prisas me gusta, pero tengo muchas ganas de volver a mi rutina. Estoy deseando ver a mi familia, abrazarlos, darles mil besos… Todo eso que no puedo hacer a través de la pantalla de mi móvil.

¡Cómo los estoy echando de menos!

Volver a ver a mis amigos y contarles todas las anécdotas de estos días… ¡Incluso quiero ver a mis profesores!

¡Cuántos sentimientos encontrados!

Y si algo he aprendido estos días es:

No valoras lo que tienes hasta que lo pierdes…

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