Ser profesor en tiempos de Covid-19

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Desde que era pequeña he querido ser profesora. Me gusta la idea de poder enseñar mi asignatura a mis alumnos; pero lo más importante, me encanta la idea de pensar que, de alguna manera, puedo ayudar a alguna personita, aunque solo sea a una, a lo largo de mi vida. 

A veces pensamos que un pequeño esfuerzo no vale la pena, pero seguro que para esa persona sí que le ha valido. No hablo de que aprendan física y química, sino de que les enseñemos a ser mejores personas, a que aprendan a respetar a sus compañeros, pero también a ellos mismos. Hablo de hacer que crean en sus propios sueños, en que lo que se propongan lo puedan lograr, hacer que luchen no por competir, si no por vivir, por aprender, por saber y, lo más importante, por pensar. ¡Qué difícil es enseñar a pensar! (y qué fácil parece).

 Si siembras un acto, cosecharás un hábito. Si siembras un hábito, cosecharás un carácter.Si siembras un carácter, cosecharás un destino.

Y en este sentido, en los momentos que estamos pasando, analizo mi profesión y, desgraciadamente, me siento triste. En España, los profesores somos sinónimo de vagos, buen sueldo y muchas vacaciones. Y me pregunto el porqué de ese pensamiento. Si quieres hacer bien tu trabajo, además de las clases diarias, hay que preparar las clases del día siguiente, buscar ejercicios, comerte la cabeza para que sepas dar un ejemplo que explique ese concepto que les cuesta tanto de entender… Pero lo más importante aún, tenemos que ser psicólogos, profesores, payasos de circo (con todo el respeto para esta profesión), ya que a veces tenemos que llamarles la atención de esa manera, ejerciendo de payasos, mamás/papás, domadores de fieras en ocasiones, narradores de cuentos, moderadores de debates, etc…

Pensaba que con todo esto de la pandemia habíamos aprendido a valorar lo que tenemos, a las personas que tenemos y a los profesionales de todo tipo: a los sanitarios que entregan su vida por nosotros, que se enfrentan en primera línea de la batalla contra el dichoso virus, para salvar, en ocasiones, una vida de una persona que ha hecho caso omiso a las recomendaciones que nos dieron hace meses y nos repiten todos los días. Si hay gente que no otorga la importancia que tienen a estos grandísimos profesionales que tenemos en nuestro país, ¿cómo van a dar la importancia merecida a los profesores? ¿no se ha visto que un buen profesor no se puede sustituir por una máquina? ¿que el contacto directo y personal es necesario, que un niño necesita de nuestra presencia, para explicar, para preguntar, para interactuar, para… TODO! ¿por qué somos tan necios que tropezamos dos veces con la misma piedra?

Tropezar no es malo. Encariñarse con la piedra, sí

Este año el trabajo se multiplica. Además de estar por las mañanas en el instituto, por las tardes tenemos que estar pegados a un ordenador porque siempre tenemos algún alumno que no puede acudir a clase por estar aislado en casa por la Covid-19. Y además de todo eso, y quizás lo más importante, somos personas.

Personas a las que, como a todos, nos ha tocado el ánimo este dichoso virus. Ahora estaríamos preparando la comida de navidad con los compañeros, al igual que el año pasado y pensando en las risas y los momentos que pasaríamos todos juntos. Estaríamos pensando en qué día viajar a nuestras casas familiares, cómo abrazar a esas familias que algunos tenemos lejos desgraciadamente, pensando en qué días quedar con esos amigos a los que hace tiempo que no vemos. Sin querer, ese corazoncito que todos tenemos, no late igual que hace un año. Pero pese a todo, sigue latiendo y mostramos nuestra mejor sonrisa para nuestros alumnos, porque son “parte de nosotros”, parte de nuestra vida.

Así que, por favor, la próxima vez que me veas, que nos veas, como esa parte de la sociedad que trabaja poco, cobra mucho y tiene muchas vacaciones, no vuelvas a tropezar con esa piedra, no te encariñes con ella, y ve solo a una persona, a muchas personas, que nos entregamos en cuerpo y alma por nuestro trabajo, por nuestros alumnos y por dar lo mejor que tenemos de nosotros mismos. Solo así se llega a ser un buen profesor y el 99% de estos profesionales, lo intentamos ser. No sé si lo conseguimos, pero te juro, querido lector, que al menos lo intentamos.

La profesora Ana Belén Llusa es profesora del IES Penyagolosa de Castellón y una de las impulsoras de la revista Penyagolosa Report.

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