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La polémica está servida: ¿es necesaria la caza en pleno siglo XXI?

Por: Iván Villarejo

A diferencia de lo que mucha gente piensa, la caza es algo totalmente necesario en la actualidad; sin embargo, es de vital importancia distinguir entre los distintos tipos de caza.

Para empezar, debemos entender la disciplina de la caza como algo dividido en dos grandes categorías: por un lado, encontramos aquellos que cazan por placer, normalmente buscan abatir grandes machos o especies difíciles de encontrar y, por otro lado, aquellos que cazan con la voluntad de gestionar el ecosistema o alimentarse.

Al buscar información por internet, es muy fácil encontrarse con numerosos artículos de supuestos ecologistas que aseguran que cazar ya no es necesario en nuestra sociedad, se basan en el hecho de que los ecosistemas son capaces de autorregularse, los carnívoros se alimentan de los herbívoros y, a su vez, estos de las plantas. Esta teoría sería válida si no fuera porque los humanos hemos extinguido ya a los grandes depredadores de casi todas nuestras montañas. Los osos, lobos y zorros que antaño gestionaban las poblaciones de ratones, conejos y corzos ya no pueden encargarse de su función biológica y es por eso que es nuestra obligación hacer su trabajo.

Otro tipo de caza que también está justificada es aquella que sirve para alimentarse, sin embargo, realmente hoy en día esta es solamente necesaria en algunas zonas rurales muy aisladas del resto de la civilización.

El resto de tipos de caza no deberían permitirse en pleno siglo XXI, por ejemplo, la caza de trofeos, que consiste en abatir las piezas más grandes y mejor dotadas. Esto no hace más que alterar el ecosistema, puesto que estos animales son precisamente los mejor preparados para sobrevivir. Su ausencia permite que ejemplares menos desarrollados puedan reproducirse, debilitando así la genética de la especie a largo plazo.

Esto se ha podido observar, por ejemplo, en el caso de la cabra montesa. Los mejores machos de la especie han sido cazados durante años por buscadores de trofeos y eso ha debilitado su genoma hasta el punto de hacerlas muy vulnerables a enfermedades como la sarna, que a día de hoy causan grandes estragos en las poblaciones salvajes de estos animales.

Otro enorme problema es el de la caza furtiva, presente en todos los países del mundo. Este tipo de caza ha llegado al extremo de extinguir especies enteras, como por ejemplo es el caso del rinoceronte blanco en África. Hasta que no se destinen más recursos a la protección de los bosques y estepas, este tipo de caza seguirá existiendo.

Como sociedad, tenemos la obligación de ejercer cierto control sobre determinadas especies de animales, al menos hasta que los grandes depredadores vuelvan a habitar los bosques y montañas. La caza, es por lo tanto, una actividad totalmente necesaria; sin embargo, no deberíamos abusar de ella: está demostrado que abatir siempre los mejores ejemplares causa una desestabilización no solo en la especie cazada, sino en el resto de animales que comparten hábitat con ella.

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