//

Relato en red: Una chica N.O.R.M.A.L.

Ser la pequeña está sobrevalorado. La gente habla por hablar. Habla sin saber, todo el mundo cree que la más joven de casa es la mimada, la consentida… ¡Y un rábano! Quizás en el siglo pasado era diferente, pero en el siglo veintiuno la situación está complicada. Ser la pequeña es una auténtica desgracia y Ru está tan convencida que se tatuaría la frase en el culo. Pero tiene prohibido hacerse tatuajes porque «solo» tiene quince años; además, a pesar de que va en contra de la moda, le da pereza sufrir, ni que sea un rato, para pintarse la piel.

Ru es testaruda y se enfada a menudo. Cuando lo hace aprieta fuerte los ojos, durante dos segundos deja de respirar y enrojece, y sus dos hermanos mayores se parten de risa y gritan a coro un «bum!» que le hace enfurruñarse todavía más.

Ser la pequeña, tener quince años y dos hermanos de diecinueve y diecisiete es un trabajo duro. Sí. Ya sabe que hay trabajos más duros, como el de minero, o el de cobradora de peaje de autopista, pero su situación es de lo más fastidiosa. Porque a los dos hermanos (hermanos «masculinos», no se olvida de recalcar Ru) se tienen que sumar un padre maniático y una madre charlatana compulsiva.

Una chica N.O.R.M.A.L., de Anna Manso (Editorial Cruïlla, 2022).

CONTINÚA EL RELATO IES LA PALMA REPORT

Aquella mañana Ru se despertó con la idea martilleando en su cabeza. Tenía que ir a la fiesta. ¡Lo deseaba tanto! Tras dos años de pandemia, era la oportunidad perfecta para recuperar el tiempo de vida perdido. ¡Qué lejana sonaba una fiesta! Ya era hora de ser una verdadera adolescente.

– Pero, ¡mamá, es injusto! ¿Qué hay de malo en ir a una fiesta donde va todo el mundo? Si hasta van los profesores que nos vigilarán y todo. Va incluso Marta, la hija de Beli, tu amiga.

– ¿Esa petarda? ¿Mi amiga? ¿No te he contado ya que siempre se copiaba de mí en los exámenes de Literatura? ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me la nombres? Lo que he intentado ya para quitármela encima, pero no, tenía que inscribir a la niña en el mismo instituto. Y una cosa, que no te vea yo juntarte con la hija, que de tal palo….

Los carrillos de Ru seguían hinchándose y su cara de rojo que ya brillaba en la oscuridad anunciaban lo que iba a ocurrir:

¡BUM! gritó su hermano que dejó de prestar atención al problema de matemáticas cuando empezó la escena.

– ¡Te he dicho que no! ¡Y no se hable más!

– Venga, Ru, a la cama, que ya es hora. ¿Te has lavado los dientes? No olvides ponerte las fundas. Deja de llorar, que mañana amanecerás con los ojos hinchados. Ah, y prepara ahora la mochila. Mañana tengo examen a última hora y debo dejar hechas las copias a primera.

– Papá, has dicho a última, tienes tiempo de sobra. ¡Qué hombre más maniático, seguro que es TOC! Esto último lo pensó pero no se lo dijo porque supondría otra lluvia de órdenes.

Ru se marchó a su habitación sin dar respuestas, y una vez allí… La ventana estaba abierta y la ocasión servida. Sí o sí. Se probó el vestido blanco, el de las mangas abullonadas de gasa. Mirándose al espejo, mientras se recogía el cabello para ver el efecto de esa combinación, le guiñó un ojo a su doble. Iré, esperaré a que todos estén dormidos y saldré por la ventana. Prefiero quedarme con la culpa que con las ganas.

Y con esa esperanza rebelde durmió de un tirón.

CONTINÚA EL RELATO POZOBOSCO REPORT

Una hora después, Ru comenzó a escuchar ruidos muy extraños, venían de fuera. Ella se asomó y vio a Marta, su amiga, tirando piedras a su ventana.

– ¿Por qué no has venido a la fiesta?- le preguntó Marta.

– Me he quedado dormida y mis padres no me dejan pero…. ¡Ayúdame a bajar rápido!- pidió Ru 

– ¡Ya voy!-dijo Marta.

Ella ya estaba preparada pero tuvo una idea: cambiar de imagen para que no la reconocieran en la fiesta. Tenía miedo de que la madre de su amiga la viera y se lo comentara a sus padres. 

Ya en la fiesta … 

– Marta, por favor, ven a ayudarme a ponerme el disfraz. 

– ¡Ya voy!

Cuando salieron del servicio, ya cambiada, Ru chocó con un chico. 

– ¡¡¡OYE !!! ¡ten cuidado! – gritó Ru enfadada.

– Ay, lo siento -dijo el chico 

A partir de ahí, ellos empezaron a tener una conversación muy bonita. 

De repente, el chico le preguntó…

– Ru… ¿te gustaría ir a dar un paseo conmigo? 

– ¡Claro! Me encantaría – respondió ella.

– ¡Pues vamos!

Mientras paseaban, Ru se enteró de que se llamaba Pablo. Era un año mayor que ella y se sentía atraído por Ru desde hace varios meses, momento en el que coincidieron en una actividad musical del instituto. Pablo se quedó prendado con su voz y sonrisa, pero no se atrevía a hablar con ella… nadie pudo imaginar que sería la chica con la que chocaría tras salir del baño. Tardó un poco en reconocerla al cubrir su pelo castaño con una peluca rubia, pero su voz era única. 

Puso la excusa de pasear ya que quería hablar con ella, conocerla… pero escucharon a un perrito en los arbustos. Estaba gimoteando y lloriqueando… les dio mucha pena y lo recogieron al ver que estaba solo.

Ru quería llevárselo a casa pero como había asistido a la fiesta sin que sus padres lo supieran… fue Pablo el que se quedó esa noche con él.

No pudieron profundizar mucho en ellos mismos… Ru regresó a casa y no fue descubierta. Al final, esta escapada rebelde le salió bien.

Al día siguiente, convenció a sus padres para adoptar al perrito. Este hecho unió más a la pareja que comenzaba a conocerse. Quedaban a diario para pasearlo y descubrieron que tenían muchas cosas en común. 

En breve sintieron cosas más profundas, se enamoraron. Recordaban con cariño el momento en el que por fin se conocieron. El pequeño perrito, al que llamaron Eros, fue el responsable final de que siguieran en contacto.

Qué curiosa es la vida… ya han pasado varios años de esta aventura y siguen juntos… todo gracias a la casualidad y a romper una pequeña regla que, aunque no es lo correcto, en esta ocasión obró un pequeño milagro.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.